El Rico y Lázaro es una parábola

Escuche el audio de este tema al final de este post.

Es evidente que esta parábola fue dirigida especialmente a los fariseos (Luk_15:2; Luk_16:14), aunque los discípulos (Luk_16:1), los publicanos y los pecadores (Luk_15:1), y sin duda un gran público (ver com. Luk_12:1; Luk_14:25; Luk_15:1) también estaban presentes.

Jesús continúa en esta parábola con la lección que ha presentado en la parábola del mayordomo infiel (Luk_16:1-12): que la manera como se usan las oportunidades en esta vida determinará el destino futuro (ver com. Luk_16:1, Luk_16:4, Luk_16:9, Luk_16:11-12).

Esta parábola había sido especialmente dirigida a los discípulos (ver com. Luk_16:1); pero en el Luk_16:9 Jesús se dirige a los fariseos presentes (ver com. Luk_16:9). Estos, sin embargo, se negaron a aceptar las enseñanzas de Jesús acerca de la mayordomía y se burlaron de él (Luk_16:14). Jesús entonces destacó que era posible que fueran honrados por los hombres, pero que Dios leía su corazón como un libro abierto (ver com. Luk_16:15). Habían tenido suficiente luz, por mucho tiempo habían gozado de la enseñanza de la ley y de los profetas, y desde el ministerio de Juan la luz adicional del Evangelio les había sido dada (ver com. Luk_16:16). En los Luk_16:17-18 Jesús afirma que los principios expuestos en “la ley” son inmutables, puesto que Dios no cambia, y da un ejemplo de esta sublime verdad. A continuación presenta la parábola del rico y Lázaro para mostrar que el destino se decide en esta vida de acuerdo al uso de los privilegios y oportunidades que se tengan (PVGM 204).

“Un hombre rico” representa en primer lugar a todos los que utilizan mal las oportunidades de la vida, y en sentido colectivo también a la nación judía que, como el rico, estaba cometiendo un error fatal (PVGM 211). La parábola consiste de dos escenas: una representa esta vida (Luk_16:19-22); la otra, la vida futura (Luk_16:23-31). La parábola del mayordomo infiel presentaba el problema en forma positiva, es decir, desde el punto de vista de uno que había hecho los preparativos para el futuro. La parábola del rico y Lázaro presenta el mismo problema, pero desde el punto de vista negativo, es decir, destacando la actitud de otro que no hizo los preparativos necesarios.

El rico se equivocó al pensar que la salvación se basaba en ser descendiente de Abrahán y no en la preparación individual (cf. Eze. 18).
La parábola del rico y Lázaro debe interpretarse, como toda otra, en armonía con su contexto y con el sentido general de las Escrituras. Uno de los principios más importantes de interpretación es que cada parábola tenía el propósito de enseñar una verdad fundamental, y necesariamente tiene un significado intrínseco, sino para darle forma al relato. Es decir, no debe insistirse en que los detalles de una parábola tienen un significado literal en lo que a verdades espirituales se refiere, a menos que el contexto deje en claro que ese significado es parte integral de la intención original. De este principio se deduce este otro: no es sabio presentar los detalles de una parábola para enseñar una doctrina. Sólo puede ser tomada como base doctrinal la enseñanza fundamental de la parábola -según se deduce claramente de su contexto y se confirma por el sentido general de las Escrituras-, junto con los detalles que se explican en el contexto mismo.

La suposición de que Jesús quería que esta parábola enseñara que los hombres, buenos o malos, reciben al morir su recompensa, viola estos dos principios. Según lo muestra claramente el contexto, esta parábola tenía el propósito de enseñar que el destino futuro queda determinado por el modo en que los hombres aprovechan las oportunidades en esta vida. Jesús no estaba tratando aquí el estado del hombre en la muerte ni el tiempo cuando se darán las recompensas. Sencillamente estaba haciendo una clara distinción entre esta vida y la venidera, y mostrando la relación de la una con la otra. Además, interpretar que esta parábola enseña que los hombres reciben su recompensa inmediatamente después de morir, contradice claramente lo que Jesús mismo enseñó: “el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (ver com. Mat_16:27; Mat_25:31-41; cf. 1Co_15:51-55; 1Th_4:16-17; Rev_22:12; etc.). Una de las reglas más importantes de interpretación es: los relatos y las expresiones figuradas deben entenderse a la luz de las afirmaciones literales de las Escrituras acerca de las verdades a las cuales se hace referencia. Aun aquellos que procuran hacer que esta parábola enseñe algo contrario a su contexto inmediato y al sentido general de las enseñanzas de Cristo, admiten que muchos de los detalles de la parábola son figurados (ver com. Luk_16:22-26).

Cabría entonces preguntarse por qué Jesús introdujo una parábola con ilustraciones figuradas que no representan con exactitud una verdad tan claramente expuesta en otros pasajes bíblicos, y especialmente en las propias declaraciones literales del Maestro. La respuesta es que Jesús estaba hablando a la gente de acuerdo con lo que ella conocía. Muchos de los presentes, sin tener el menor apoyo del AT, habían llegado a creer en la doctrina de que los muertos están conscientes entre la muerte y la resurrección . Esta falsa creencia, que no aparece en el AT -ni tampoco en el NT-, impregnaba, en general, la literatura judía posterior al exilio (ver pp. 84-103), y como muchas otras creencias tradicionales se había convertido en parte del judaísmo en el tiempo de Jesús (ver com. Mar_7:7-13).

En esta parábola Jesús sencillamente se valió de una creencia popular para presentar con claridad una importante lección que deseaba inculcar en sus oyentes. También debe señalarse que en la parábola anterior -la del mayordomo infiel (Luk_16:1-12)-, Jesús ni había aprobado ni condenado la mala acción del mayordomo, aunque su conducta fue el punto central del relato (ver com. Luk_16:8).

El conocido comentario bíblico International Critical Commentary dice lo siguiente en relación con el Luk_16:22 : “Se sostiene el principio general de que la bienaventuranza y la desventura después de la muerte son determinados por la conducta anterior a la muerte; pero los detalles del cuadro son tomados de las creencias judías en cuanto a la condición de las almas en el Seol [ver com. Pro_15:11], y no deben entenderse como una confirmación de esas creencias”.

Algunas veces se hace notar que Jesús no dice que el relato del rico y de Lázaro es una parábola, al menos tal como la presenta Lucas (aunque el antiguo Códice de Beza dice que se trata de una parábola), mientras que en el caso de otras parábolas suele identificárselas como tales (Mat_13:3, Mat_13:24, Mat_13:33, Mat_13:44-45, Mat_13:47). Pero debería señalarse que aunque Jesús con frecuencia comenzaba una parábola diciendo que era una parábola o que el reino de los cielos se asemejaba a una persona o a una cosa en las circunstancias que a continuación relataba, no siempre lo hacía (Luk_15:8, Luk_15:11 ; Luk_16:1). Lo mismo ocurre con varias parábolas del AT, como las de Jdg_9:8-15 y 2Ki_14:9; pero nadie se atreve a decir -y menos a creer- que porque esas parábolas no se identifican claramente como tales, deben tomarse literalmente. La falacia de tal argumento es evidente cuando se leen las pocas referencias citadas.

Sin duda, Jesús quería que los fariseos se vieran a sí mismos en este rico, y que en el desventurado caso de éste contemplaran un cuadro de su propio y triste fin (ver com. Luk_16:14). Compárese a este rico con el de la parábola anterior (Luk_16:1). La palabra griega plóusios, “rico”, aparece en la Vulgata latina como dives, “rico”, lo cual ha dado origen a la tradición popular de que el rico se llamaba Dives. Según el P75, manuscrito griego de principios del siglo III, se llamaba Neu’s. El rico tiene otros nombres en otras versiones. Quizá se le dio un nombre para que no sólo lo tuviera el mendigo sino también el rico.

Expresiones usadas

Seno de Abraham.
Expresión típicamente judía, que equivale a “paraíso”. En la antigua literatura judía algunas veces aparece Abrahán dando la bienvenida a los que llegan al paraíso. Jesús describió el paraíso como un lugar adonde “vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham” en la fiesta “en el reino de los cielos” (ver com. Mat_8:11; Luk_14:15).
Con referencia a Jesús “en el seno del Padre”, ver com. Joh_1:18. Abrahán era el padre de los judíos (Joh_8:39, Joh_8:56), y éstos en la práctica habían llegado a buscar la salvación en Abrahán antes que en Dios (ver com. Luk_16:24). Creían que Abrahán daba la bienvenida a sus hijos en el paraíso en una forma muy parecida a la que ahora, a veces, se representa a Pedro recibiendo a los cristianos en la puerta del cielo.

Luk 16:23 Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió a Abraham de lejos, y a Lázaro en su seno.

La creencia de que la gente al morir va a un lugar a sufrir tormentos, no tiene ningún apoyo en la Biblia. Las Sagradas Escrituras enseñan con claridad que los muertos nada saben (Ecc_9:5; ver com. Psa_146:4). Jesús comparó la muerte con un sueño (Joh_11:11, Joh_11:14). Si se deduce por esta parábola que Jesús enseñó que los impíos cuando mueren son llevados a cierto lugar para ser atormentados, entonces se enseña tácitamente que Jesús está contradiciendo lo que enseñó claramente en otras ocasiones acerca de los muertos, y también contradice lo que la Biblia enseña acerca de este tema. Los pecadores sufrirán en el infierno de la géenna los tormentos del fuego (ver com. Mat_5:22), y no en el hád’s (sepulcro). Cuando Jesús presentó al rico como si estuviera “atormentado en esta llama” (Luk_16:24) en el hád’s, claramente estaba hablando en forma figurada, y, por lo tanto, sus palabras no se pueden interpretar en forma literal. En cuanto a los principios de interpretación que rigen la explicación de esta parábola, ver com. Luk_16:19.

Vio… a Abraham.

¿Están acaso tan cerca el cielo y el infierno que se pueda hablar desde uno al otro, y que los que están en el cielo pueden contemplar el sufrimiento de sus amigos y amados en el infierno sin poder aliviar su tormento, mientras que los que están en el infierno pueden observar la dicha de los justos en el cielo? No. Sin embargo, esto es lo que esta parábola enseña si se interpreta literalmente (ver com. Luk_16:19). Pero los que creen que es literal, se apresuran a añadir que el “seno” de Abrahán es sólo una figura literaria porque los santos no descansan literalmente en su seno. Además admiten que la proximidad del cielo con el infierno, que aquí aparece como muy real, es también solamente figurada. Pero desde el momento en que admiten que estas y otras declaraciones son evidentemente figuradas y no deben tomarse en forma literal, están asintiendo que toda la parábola es figurada. Y si no quieren admitir que es figurada, entonces se ven obligados a confesar que su decisión en cuanto a las partes que deben considerarse en forma figurada se basa sólo en una elección arbitraria, y no en ningún principio de interpretación claramente definido y consecuente.

[Luk_16:24] Padre Abraham.
Abrahán aparece en la parábola como si presidiera sobre el hád’s (ver com. Luk_16:23). El rico se dirige a Abrahán como si fuera Dios. Sufre aunque es descendiente del patriarca, y acude a él como acudiera un hijo a su padre.


Envía a Lázaro.
Evidentemente, el rico supone que, a su mandato, Lázaro debe ser enviado al hades, lo cual equivaldría, en cierto sentido, a continuar la relación que había sostenido con él en la tierra.
La punta de su dedo.
Quienes procuran hallar argumentos en esta parábola para probar la doctrina de la inmortalidad del alma, no pueden explicar por qué las almas tienen dedos. El cuerpo de Lázaro estaba en la tumba, inclusive también sus dedos. Es increíble que un espíritu desencarnado tuviera dedos -que no debe tener-, que los mojara en agua, y luego tocara una lengua inexistente de otro espíritu desencarnado. Evidentemente, Jesús estaba narrando algo imaginario, cuyo propósito era enseñar claramente una verdad específica en cuanto a la relación que existe entre esta vida y la futura (ver com. Luk_16:19), y que no tenía la intención de que sus palabras fueran tomadas en sentido literal. El rico, que sufre figuradamente en el hád’s, aceptaría de buena gana el menor 813 alivio de sus tormentos; anhela ahora una gota de agua fresca así como Lázaro, mientras ambos vivían, deseaba los residuos de la mesa del rico (ver com. Luk_16:21). Si el rico tenía ojos (Luk_16:23) y lengua de verdad (Luk_16:24), y Lázaro tenía dedos (Luk_16:24), habría entonces que afirmar que cuando mueren las personas, buenas o malas, reciben inmediatamente lo que merecen como seres reales, esto es, con todas las partes de su cuerpo. Sin embargo, la parábola misma enseña claramente que no reciben su recompensa inmediatamente después de morir, pues sus cuerpos estaban en la tumba, en donde no hay fuego (ver com. Luk_16:22).
Atormentado en esta llama.
En cuanto a la evidencia de que dicha recompensa no se recibe inmediatamente después de la muerte, sino cuando Jesús vuelva visiblemente a este mundo, y más aún, después del milenio cuando los impíos sufrirán el castigo del fuego del infierno, ver com. Luk_16:19. Con referencia al fuego eterno, ver com. Mat_5:22.

Rico o pobre, cielo o infierno

[Luk_16:25] Hijo.
Gr. téknon (ver com. Luk_15:31).


Recibiste.
Había recibido en vida todos los bienes que cualquiera pudiera desear, sin prepararse para la vida futura. Aplicó en forma inversa el principio de Mat_6:33 : había buscado primeramente “todas estas cosas” esperando, sin embargo, que Dios encontraría alguna manera de añadirle más tarde el cielo. Compárese con el caso del rico necio (ver com. Luk_12:16-21) y la enseñanza de Jesús en cuanto a hacerse tesoros en el cielo (ver com. Mat_6:19-21). El rico había recibido toda la recompensa que había de recibir (ver com. Mat_6:2). Su cuenta en el cielo mostraba que estaba en bancarrota moral. Debe destacarse que fue castigado no por haber poseído riquezas (ver com. Luk_16:19), sino por haberlas usado mal. Las malgastó egoístamente; no las puso al servicio de Dios y de sus prójimos (cf. Mat_19:21-22; Mat_25:25-30). No es pecado ser rico; Abrahán fue muy rico (Gen_13:2). Pero el rico de esta parábola sencillamente prefirió olvidar que era responsable por la manera en que usaba sus riquezas.
Lázaro también males.


Así como el rico no fue castigado porque era rico, Lázaro tampoco recibió la recompensa en el cielo solamente porque había sido pobre en esta tierra. Lo que determina el destino es el carácter moral, no las posesiones materiales.

Luk 16:26 Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

[Luk_16:26] Además de todo esto.
La respuesta de Abrahán al pedido del rico tiene dos partes. En la primera (Luk_16:25), Abrahán le dice que no sería correcto concederle su petición; en la segunda (Luk_16:26), le señala que la condición del mundo venidero hace imposible concedérsela.
Sima.
Gr. jásma, “abismo”, “espacio amplio”, “inmensidad”, palabra derivada de un verbo que significa “bostezar”, “abrir la boca”. El “abismo” que los separaba representa la enorme diferencia de carácter moral entre el rico y Lázaro (PVGM 213). El abismo que se ha interpuesto entre los dos realza el hecho de que después de la muerte no se puede modificar el carácter. Entonces será demasiado tarde para mejorarlo (Isa_26:10). El abismo que impedía al rico participar en la bienaventuranza del seno de Abrahán se había formado en esta vida, por no haber usado debidamente las oportunidades que se le habían presentado para desarrollar el carácter correcto.

Luk 16:29 Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos.

[Luk_16:29] A Moisés y a los profetas.
Es decir, las Escrituras del AT. Esta era la forma en que comúnmente se hacía referencia a los escritos canónicos del AT en los días de Jesús (ver com. Luk_16:16). Jesús destacó una y otra vez que en asuntos de fe y de doctrina las Escrituras son de valor supremo, y las recomendó a sus oyentes, como lo hace aquí, como una guía segura para la salvación (ver Mat_5:17-19; Luk_24:25, Luk_24:27, Luk_24:44; Joh_5:39, Joh_5:45-47).
Oiganlos.


Según la amonestación de Jesús, dada aquí como consejo de Abrahán al rico, las Escrituras del AT constituían para la gente de su tiempo una guía segura para alcanzar la salvación, y acerca del más allá, una fuente autorizada de información para los que estaban y están vivos. El rico había sido advertido ampliamente en cuanto a la suerte que aguardaba a los que preferían vivir como él había vivido. Si se le hubiera dado luz adicional al respecto también la habría rechazado (ver com. Luk_16:31).

Luk 16:30 El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán.
[Luk_16:30] No, padre Abraham.


El rico no acepta la decisión de Abrahán; insinúa que sabe más que Abrahán. Es evidente que no había aceptado que el AT era una evidencia convincente, y duda que sus cinco hermanos puedan aceptarla. Los que dan poca importancia a los mensajes del AT harían bien en prestar atención a la suerte del rico de esta parábola, quien a pesar de haber tenido acceso a Moisés y a los profetas no había sacado de ellos ningún beneficio.


Si alguno fuere.
Como ya se indicó al comentar el Luk_16:19, el rico representa no sólo a los que no aprovechan las oportunidades que reciben en esta vida para desarrollar el carácter y para hacer el bien a los prójimos, sino también a la nación judía que, en conjunto, estaba siguiendo la misma conducta.
La evidencia adicional que el rico exigía, reflejaba los diversos pedidos de los escribas y los fariseos para que Jesús les mostrara una señal. La vida, las enseñanzas y las obras de Jesús eran una evidencia convincente de su divinidad para todos aquellos que tuvieran motivos sinceros (cf. com. Mat_15:21; Mat_16:1); pero el tipo de evidencia que Jesús les ofrecía no era el que ellos deseaban o buscaban.

Luk 16:31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.

Si no oyen.
Ver com. Luk_16:30. Los que no se dejaran impresionar por las claras enseñanzas de la verdad eterna que se encuentran en las Escrituras, no recibirían una impresión más favorable ni por el mayor de todos los milagros. Pocas semanas después de relatar esta parábola -y como si fuera una respuesta al desafío de los dirigentes judíos que pedían una evidencia mayor que la que hasta ese momento habían recibido-, Jesús resucitó a un hombre llamado Lázaro. Pero ese mismo milagro impulsó aún más a los dirigentes de la nación a intensificar su complot para quitar la vida a Jesús (ver com. Joh_11:47-54). Y no sólo eso, sino que también pensaron que era necesario acabar con Lázaro para proteger su ya insostenible posición (Joh_12:9-10; DTG 512). De este modo los judíos demostraron literalmente la verdad de lo que Jesús afirmó aquí: que los que rechazaban el Antiguo Testamento rechazarían la luz mayor, aun el testimonio de alguien que se levantara de entre los muertos.

2 comentarios sobre “El Rico y Lázaro es una parábola”

  1. En verdad los fariseos tenían mucho que ver en éste incierto msj. Porque ni creían en la resurrección, obvio que les era cercano el paraíso con el infierno. Si fueron quiénes traspasaron los límites de la Fé en el HIJO de ELOHIM…. Obvio están destituidos de la credibilidad

Deja un comentario Cancelar respuesta