Verdades bíblicas sobre los 10 Mandamientos

1. Es la Ley de Dios

  • Dt. 4:13 – Dios dio el pacto y “escribió en dos tablas de piedra” los 10 mandamientos.
  • Sal. 19:7 – “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”.
  • Ro. 7:22,25 – Pablo se deleita “en la ley de Dios según el hombre interior”.

Esta ley no nace de una iglesia ni de un concilio humano, sino del propio Dios. Es la expresión escrita de su carácter santo, justo y bueno.

Elena G. de White: La ley de Dios es una transcripción de su carácter y el fundamento de su gobierno (ver CS, cap. 27).
Por eso, despreciar la ley es, en realidad, despreciar la autoridad y el carácter del propio Dios.


2. No es la ley de Moisés

  • Dt. 10:1-4 – Dios mismo escribe nuevamente las tablas; son sus mandamientos.
  • Dt. 31:24-26 – Moisés escribe otro libro de la ley y lo pone “al lado del arca”, distinto de las tablas dentro del arca.
  • Neh. 10:29 – El pueblo se compromete a cumplir “la ley de Dios, que fue dada por medio de Moisés”: origen divino, canal humano.

Los textos muestran dos niveles claros:

  1. La ley moral, escrita por Dios en piedra.
  2. Las leyes ceremoniales y civiles, escritas por Moisés en un libro.
    Moisés no inventó la ley; solo fue el mensajero del Legislador.

Elena G. de White diferencia entre la ley moral, eterna, y las ordenanzas ceremoniales que señalaban a Cristo y terminaron en la cruz (ver PP, caps. 27–32; CS 467–469).
La ley de los 10 mandamientos permanece; los ritos que apuntaban al sacrificio de Jesús cesan cuando viene la realidad.


3. Escrita con su dedo

  • Ex. 31:18 – Tablas de piedra “escritas con el dedo de Dios”.
  • Ex. 32:16 – “Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios”.
  • Dt. 9:10 – Dios entregó las tablas “escritas con el dedo de Dios”.

Los 10 mandamientos llevan la “firma” directa del Creador. No fueron dictados para que otro los redactara a su manera; Dios mismo los escribió, subrayando que su contenido no está sujeto a edición humana.

Elena G. de White señala que el hecho de que Dios escribiera la ley con su propio dedo muestra su carácter inmutable y eterno (ver PP 331–334).
Ningún concilio tiene autoridad para borrar o cambiar lo que el dedo de Dios grabó en piedra.


4. Debe estar escrita en nuestros corazones

  • Jer. 31:33 – En el nuevo pacto Dios dice: “Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón”.
  • Ez. 36:26-27 – Dios promete un corazón nuevo y poner su Espíritu “para que andéis en mis estatutos”.
  • Heb. 8:10 – Repite la promesa: la misma ley, pero interiorizada.
  • 2 Co. 3:3 – No en tablas de piedra, sino “en tablas de carne del corazón”.

El nuevo pacto no cambia la ley, cambia el lugar donde está escrita. Ya no solo en piedra, sino grabada en la mente y en el corazón por la obra del Espíritu Santo, produciendo obediencia por amor.

Elena G. de White explica que el nuevo pacto consiste en que Dios escribe su ley en el corazón, y así la obediencia deja de ser un mero formalismo externo para convertirse en fruto del amor (ver PP 370–373; MB 45–48).
La verdadera gracia no anula la obediencia; la hace posible desde adentro.


5. Es para ti “no judío”

  • Ro. 2:14-15 – Los gentiles muestran “la obra de la ley escrita en sus corazones”.
  • Ro. 3:19-23 – “Todo el mundo” queda bajo juicio; la ley alcanza a todos, no solo al judío.
  • Ec. 12:13 – “El fin de todo el discurso… teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”
  • Ap. 14:12 – Al final de la historia, el pueblo de Dios (de todas las naciones) se describe como los que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.

La ley moral no es patrimonio de una etnia. Es el estándar de Dios para todo ser humano. Judíos y gentiles serán juzgados con el mismo criterio divino.

Elena G. de White afirma que la ley de Dios es la norma de juicio para todos los hombres, de todas las épocas y naciones (ver CS 479–481).
El pueblo remanente, compuesto por creyentes de toda lengua y pueblo, se identifica precisamente por dos marcas: guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús (Ap. 14:12; cf. CS 482–484).


6. Jesús no la abolió

  • Mt. 5:17-19 – Jesús declara que no vino a abrogar la ley, y que ni una jota pasará hasta que todo se haya cumplido.
  • Lc. 16:17 – “Más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley.”
  • Ro. 3:31 – “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.”
  • Jn. 14:15 – “Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
  • 1 Jn. 2:3-4 – El que dice “le conozco” y no guarda sus mandamientos es mentiroso.

Jesús no vino a borrar la ley, sino a vivirla perfectamente, a revelarla en su verdadero alcance y a capacitar al pecador, por la gracia, para obedecerla. La fe verdadera confirma la ley en la vida, no la invalida.

Elena G. de White enseña que la muerte de Cristo no quitó la ley, sino que demostró que esta no podía ser cambiada; si se hubiera podido abolir, la muerte de Jesús habría sido innecesaria (ver CS 471–473).
Cristo no vino a liberarnos de la obediencia, sino del pecado, para que en nosotros “se cumpla la justicia de la ley” (Ro. 8:4).


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