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Partir y estar con Cristo

Filipenses 1: 21 al 24 dice: Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.

Estar con Cristo.

Pablo no está presentando aquí una exposición doctrinal en cuanto a lo que sucede al morir. Está explicando su “deseo”, que era el de abandonar su agitada existencia y estar con Cristo, sin hacer referencia al lapso que podría transcurrir entre ambos sucesos. Anhelaba, con toda la fuerza ardiente de su naturaleza, vivir con Aquel a quien tan fielmente servía. Su esperanza tenía como centro la compañía personal de Jesús a través de toda la vida futura. Los cristianos fervientes de todos los siglos han tenido este mismo anhelo, sin esperar necesariamente que serían llevados inmediatamente a la presencia del Salvador cuando sus ojos se cerraran con la muerte. Estas palabras de Pablo tienen que ser estudiadas en relación con otras afirmaciones suyas que tratan el mismo tema, donde claramente se refiere a la muerte como un sueño (ver com. 1Co_15:51; 1Th_4:13-15; cf. com. Mar_5:39; Joh_11:11). Los muertos están inconscientes, no pueden apreciar el tiempo que transcurre; por lo tanto, a los muertos resucitados les parecerá que su resurrección ha ocurrido inmediatamente después de su muerte.

Comentario Bíblico Adventista

ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO

Para Lucas 23: 43 en la versión de Reina Valera 1960, dice: Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.


Según el texto griego, Jesús literalmente dijo: “De cierto te digo hoy conmigo estarás en el paraíso”. El texto griego se escribió -según se acostumbraba entonces- sin signos de puntuación, y la conjunción “que” es una añadidura que se ha hecho en no pocas versiones, especialmente en castellano.


Según el texto griego, el adverbio “hoy” podría modificar tanto al verbo “digo” como al verbo “estarás”. Por lo tanto, lo que necesitamos saber es si Jesús quiso decir “te digo hoy” u “hoy estarás”. Y para poder saber cuál es la enseñanza correcta es necesario que descubramos las respuestas de la Biblia a las siguientes preguntas: (1) ¿Qué es el paraíso? (2) ¿Fue Jesús al paraíso el mismo día en que murió? (3) ¿Qué enseñó Jesús acerca del momento cuando los seres humanos recibirán la recompensa en el paraíso? La primera pregunta se responde en el comentario de la palabra “paraíso”; la segunda y la tercera se contestan en el comentario a la palabra “conmigo”.

Conmigo.

En la víspera de la traición -menos de 24 horas antes de hacer esta promesa al ladrón- Jesús había dicho a los doce: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay;… voy, pues, a preparar lugar para vosotros… Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (ver Juan 14:1-3). Sin embargo, tres días más tarde, Jesús le dijo a María: “Aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). Es, pues, evidente que Jesús ni fue al paraíso ni estuvo en el paraíso el día de su crucifixión. Por lo tanto, el ladrón no podría haber estado con Jesús en el paraíso.

Paraíso

Gr. parádeisos, transliteración de la palabra persa pairidaeza, “lugar cercado”, “parque”, donde había árboles y donde con frecuencia se tenían animales para la caza. Estaba cercado de muros y algunas veces había torres para los cazadores. La palabra hebrea equivalente, pardes, tomada también del persa, se traduce como “bosque” (Neh_2:8) y “jardín” (Ecc_2:5). En la LXX, el jardín del Edén es el “paraíso” del Edén (ver com. Gen_2:8) y la palabra parádeisos aparece comúnmente donde en español se emplea la palabra “huerto” (Heb. gan). Ver Gen_3:1; Isa_51:3; Joe_2:3; etc.


La palabra parádeisos aparece en el NT sólo en Luk_23:43; 2Co_12:4; Rev_2:7. En 2Co_12:2-4 la palabra “paraíso” es evidentemente sinónimo de “cielo”. Que Pablo no se refiera a un paraíso terrenal es muy claro, porque para él son una misma cosa ser arrebatado al “cielo” y ser arrebatado al “paraíso”. Según Rev_2:7 el “árbol de la vida” aparece “en medio del paraíso de Dios”, mientras que en Rev_21:1-3, Rev_21:10; Rev_22:1-5 el árbol de la vida aparece junto con la tierra nueva, la nueva Jerusalén, el río de la vida y el trono de Dios. No hay, pues, duda alguna de que en el NT parádeisos es siempre sinónimo de “cielo”.


Cuando Jesús le aseguró al ladrón que tendría un lugar con él en el “paraíso”, estaba refiriéndose a las “muchas moradas” de la casa de su Padre, y al momento cuando se reuniría con los suyos (ver com. Joh_14:1-3). A través de todo su ministerio Jesús había declarado específicamente que recompensaría “a cada uno conforme a sus obras” cuando volviera “en la gloria de su Padre con sus ángeles” (ver com. Mat_16:27). Y sólo en ese momento invitará a los salvados de la tierra a que hereden el reino preparado para ellos “desde la fundación del mundo” (ver com. Mat_25:31, Mat_25:34; cf. Rev_22:12). Pablo enseñó que los que duermen en Jesús saldrán de sus tumbas cuando Cristo venga por segunda vez (1Co_15:20-23), y entonces recibirán la inmortalidad (Luk_23:51-55). Los justos resucitados y los justos que estén vivos serán entonces arrebatados “para recibir al Señor en el aire, y así” estarán “siempre con el Señor” (1Th_4:16-17). El ladrón estará con Jesús en el “paraíso”, pero será después de la resurrección de los justos, la cual ocurrirá en la segunda venida del Señor.


Ya se señaló que en el texto griego de este pasaje no están ni la conjunción “que”, ni la coma, ni los dos puntos que aparecen en no pocas versiones. Es evidente que tanto la conjunción “que” como la coma o los dos puntos responden a lo que entienden los traductores y revisores de la Reina Valera Actualizada, de la Reina Valera Revisada y otras versiones acerca del estado de los muertos. Ni Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento creían ni tampoco enseñaban -ya lo hemos señalado- que los muertos van al paraíso inmediatamente después de morir. Alterar este versículo añadiendo una conjunción o signos de puntuación inexistentes en el texto original,* hace parecer que Jesús contradice lo que él y varios escritores del Nuevo Testamento dicen claramente de otros pasajes. La promesa de Jesús al ladrón mientras ambos colgaban en sendas cruces, fue -entendida dentro de las enseñanzas del Nuevo Testamento- la siguiente: “Te digo hoy: conmigo estarás en el paraíso” (ver com. Joh_4:35-36).

El ladrón no se preocupaba tanto por el momento cuando llegaría al paraíso, sino de que realmente llegara allí. La sencilla declaración de Jesús le aseguró al malhechor que, sin duda, estaría en el cielo, sin importar cuán falto de méritos estuviera ni cuán imposible pareciera que Jesús -que estaba muriendo como si hubiera sido un criminal- pudiera cumplir tal promesa. En verdad, la presencia de Jesús en la cruz fue la que hizo posible tal esperanza.

Tomado del Comentario Bíblico Adventista.

¿Qué significa el sudario doblado de Jesús en su tumba?

Juan 20:7 Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.

Sobre el sudario que cubría el rostro de Jesús podemos mencionar lo siguiente:

1. El hecho de que los lienzos y el sudario estuvieran cuidadosamente guardados muestra que no se trató de un robo perpetrado en la tumba. Los ladrones no se hubieran tomado la molestia de quitarle las envolturas al cadáver.

2. Cristo mismo había colocado esos lienzos mortuorios con tanto cuidado. Cuando el poderoso ángel bajó a la tumba, se le unió otro, quien, con sus acompañantes, había estado guardando el cuerpo del Señor. Cuando el ángel del cielo apartó la piedra, el otro entró en la tumba y desató las envolturas que rodeaban el cuerpo de Jesús. Pero fue la mano del Salvador la que dobló cada una de ellas y la puso en su lugar. A la vista de Aquel que guía tanto a la estrella como al átomo, no hay nada sin importancia. Se ven orden y perfección en toda su obra.  (DTG)

3. El lienzo doblado tiene que ver con una dinámica diaria entre el amo y el siervo – y todo niño judío conocía bien esa dinámica.

El siervo, cuando preparaba la mesa de comer para el amo, procuraba tener la certeza de hacerlo exactamente de la manera deseada por su señor.

Después que la mesa era preparada, el siervo quedaba esperando fuera de la visión del amo hasta que él terminase de comer. El siervo no se atrevería nunca a tocar la mesa antes de que el amo hubiese acabado.

Al terminar, el amo se levantaría, se limpiaría los dedos, la boca y la barba, haría una bola con el lienzo y lo dejaría en la mesa. El lienzo arrugado quería decir: “He terminado“.

Ahora bien, si el amo se levantara y dejara el lienzo doblado al lado del plato, el siervo no osaría tocar aún la mesa, porque ese lienzo doblado quería decir: “¡volveré!”. (Historias y parábolas para la familia).