Cuando mi nombre aparezca en la corte

El día de la Expiación

La Biblia presenta una escena solemne y real: una corte celestial donde Dios juzga con justicia, los libros son abiertos y cada vida humana es considerada delante del universo.

El profeta Daniel escribió:

“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días… el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.”
Dan. 7:9-10

Este juicio no existe porque Dios necesite recordar. Dios conoce todas las cosas. El juicio existe para que su justicia sea vindicada y para que todo el universo vea que sus decisiones son rectas, santas y misericordiosas.

En este estudio se desarrolla una verdad profunda: los pecados no confesados permanecen como registro contra el pecador, pero los pecados confesados son perdonados por Cristo y serán borrados en la obra final del santuario celestial.

También se explica que Dios no sólo registra el pecado. La Biblia enseña que él recuerda las oraciones, las lágrimas, la fidelidad y las obras hechas por amor. Por eso, para los hijos de Dios, el juicio no es una doctrina de terror, sino una verdad de esperanza.

Cristo es nuestro Abogado.

“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”
1 Jn. 2:1

El creyente no comparece en la corte celestial vestido con sus propios méritos. Comparece cubierto con la justicia de Cristo. Por eso, la gran pregunta no es si fuimos perfectos en nosotros mismos, sino si permanecimos en Cristo, si confesamos nuestros pecados y si lavamos nuestras vestiduras en la sangre del Cordero.

Este material aborda temas como:

Los libros del cielo, el libro de la vida, el juicio investigador, el borramiento de los pecados, el Día de la Expiación, la obra de Cristo como Sumo Sacerdote y la seguridad del creyente que vive en Cristo.

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Ministerio LD

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